No será a las ocho y media, como el título del clásico de Fellini, que cumple 60 años, si no a las siete y media del próximo 26 de abril cuando nos juntemos para rendir un pequeño homenaje al director italiano cuya obra sigue siendo tan, o incluso más, fascinante con el paso de los años.
Las películas de Fellini fueron la perfecta combinación del realismo cultural patrio retratado por la visión mágica de la cámara de cine y la dirección artística que podían transformar todo en pura fantasía. La dureza del día a día tras el espejismo de un circo.
Un director que se fue sofisticando a medida de que su figura se fue agigantando. Del realismo de la vida social de extrarradio a la grandilocuencia de Roma o Casanova. Un viaje de personajes inolvidables, que han conseguido eso, hacer que la vida, aunque a veces duela, a través del cine, siempre sea mágica.
Especial mención a Giulietta Masina, la genia al lado del «genio», la mujer que aportó -y soportó- a Fellini hasta su muerte. La gran intérprete que dio forma precisamente a algunos de estos personajes.
La Strada, La dolce vita o Amarcord no solo son parte del imaginario colectivo de Italia, sino de toda la historia del cine.

